
El Mago Solar y la Bruja Roja conocen un secreto:
el arte del éxtasis es una disciplina sagrada.
Se aprende a mover el deseo como quien mueve corrientes de fuego, comprendiendo que existe una relación erótica y viva con la naturaleza.
En la vía de Eros —la alquimia del Sol y la Luna— el yin y el yang se encuentran, y el otro se convierte en un espejo que nos devuelve nuestra propia luz… y nuestras sombras.
Es en el juego del amor donde nos redescubrimos.
Es ardiendo juntos donde comprendemos que no hay “otro”, sino una sola totalidad que respira en dos cuerpos.
La mujer es la iniciadora: enciende el fuego solar en el corazón del mago.
El hombre, portador de luz, aviva la llama sagrada en el vientre de la sacerdotisa.
Allí, el ánima y el ánimus se reconocen, y el oro y la plata se funden en un solo metal vivo.
Para ellos, la disciplina mística no se limita a la carne:
hacen el amor en todos los mundos, con todos los planos de la existencia, con la vida misma.
En esa unión descubren su verdadero ser interior.
Allí nace la magia que transforma todo lo que toca.
“Quien conoce el éxtasis conoce el corazón del universo.”
Daniel Curbelo


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