
Una vez fui con un grupo a hablar de Kundalini con una maestra sufí.
Ella nos preguntó qué creíamos que era, y nosotros respondimos con el relato de siempre: la serpiente en el Muladhara, la ascensión de la energía sexual, el despertar de la consciencia, etc.
Entonces ella nos dijo:
“En el sufismo no se habla así de Kundalini. Se habla de la fuerza de la Inmensidad de D´s. Cuando te das cuenta de esa consciencia pura y cósmica, es cuando despierta. Lo que ocurre es que, como ustedes creen que son solo un cuerpo de carne y huesos, hay que explicarles todo eso de las serpientes”.
Según el Tantra, Kundalini describe el poder creativo y transformador de Shakti, relacionado con la manifestación de la consciencia.
No es un objeto físico ni una energía escondida esperando elevarse, sino un proceso vivencial que ocurre dentro de prácticas espirituales.
Forma parte de métodos tradicionales que involucran respiración, mantra, concentración, yoga y rituales, cuya meta es la realización inmediata de la unidad de consciencia (Shiva–Shakti).
En definitiva, es el poder del auto-reconocimiento de la consciencia cósmica en la existencia individual: Shiva reconociéndose a sí mismo.
Se dice que cuando Kundalini llega al Sahasrara ocurre el “Yo soy Śiva”, que no es un evento energético, sino un estado de reconocimiento pleno.
Es Shiva quien mira a través de tus ojos y se hace Presencia a través de tu cuerpo.
Por lo tanto, Kundalini no se activa desde afuera: se reconoce.
No es apretar un botón y convulsionar.
No es simplemente despertar la energía vital-sexual, porque esa energía nunca estuvo completamente dormida.
Es algo profundamente espiritual, vinculado a la Diosa misma.
Kundalini es la Divina Madre, inmanente y trascendente. Ella está en todas partes.
Tal vez la verdadera pregunta no sea cómo activarla,
sino si en tu corazón existe la disposición real a ser inundado por la inmensa energía de la Diosa, y a portarla conscientemente en tu vida.
Daniel Curbelo


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