Las vías espirituales que trabajan con el deseo son pocas, muchas simplemente lo reprimen. En general el varón descarga su deseo en miradas, fantasías, impulsos y un tipo de atención que hace que el chi vaya hacia fuera y hacia abajo del cuerpo. Los taoístas lo llamaron “el goteo”: una pérdida silenciosa de vitalidad.

Pero la alquimia enseña otra vía:
No reprimir ni escapar. Aprender a reabsorber. Volver el deseo hacia dentro y hacia arriba. Elevarlo. Habitarlo sin perderse en él. Tomar ese fuego y transmutarlo en luz-consciencia.

Un hombre que sostiene su deseo no se fragmenta, sino que se integra a su eros. Entonces aparece algo distinto:
presencia,
profundidad
interiorización
magnetismo.

La sexualidad deja de ser descarga y se vuelve conciencia. No solo la sexualidad, toda la vida deja de ser una descarga.

Esto no son técnicas, sino una forma de vivir. El mismo impulso que se dispersa en el acto, se dispersa en la vida. El mismo impulso que se reaborbe, ordena todo el mundo interno.

El mismo Tantra enseña que en el momento de la unión sexual hay que sumergirse en la intensa energía de la shakti y de esa manera regresar al deleite natural (Vijñanabhairava 69).

Al hacer el amor si te centras en tí mismo como si fuera el silencio de la meditación entonces te absorbes en la shakti:

La columna ya no es solo cuerpo, es un canal de luz. Recuerda que el canal central es la Diosa, la Divina Madre. Y en ese eje, nos encontramos en una alineación mágica. Plexo con plexo. Presencia con presencia.
La energía ya no se pierde:
asciende,
armoniza.
erotiza.

Un hombre así puede sentir toda la intensidad de Shakti, toda su fuerza salvaje, sin colapsar. Permanece en el vacío. Siente todo. No se pierde en nada. Atestigua toda su intensidad y no es arrastrado por eso. Ahí ocurre la alquimia:

Esa es la alegría del Absoluto en sí mismo. Ese gozo no viene del otro. Es la naturaleza esencial del Ser reconociéndose a sí mismo a través del encuentro.

El verdadero poder del hombre comienza cuando se enfrenta a “la poderosa” y sale indemne de ese encuentro.

Daniel Curbelo

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