En el Tantra, krīḍā es el nombre del juego cósmico de Shiva,
así como en el hinduismo se lo conoce como līlā.

Todo lo que existe es una misma Consciencia infinita expresándose en múltiples formas.

Krīḍā es el momento en que esa Consciencia se contempla a sí misma y decide manifestarse como una multiplicidad de sujetos aparentemente separados.

Cada persona es una expresión de esa Consciencia.
Pero cuando nos identificamos solo con el cuerpo, la historia personal y los problemas, olvidamos quiénes somos en esencia.
Ese olvido es lo que llamamos sufrimiento.

El camino espiritual no consiste en escapar del mundo,
sino en recordar nuestra verdadera naturaleza:
no somos individuos aislados, sino la totalidad viva experimentándose en una forma.

Cuando este reconocimiento se vuelve profundo,
la sensación de separación se disuelve
y la vida comienza a percibirse como una danza de la divinidad en todas las cosas.

En pocas palabras:
no estamos separados del Todo,
solo lo hemos olvidado.

El acto de creación es llamado “juego”
porque es un acto libre y gozoso de autoexpresión de Shiva.

El sufrimiento no nace del mundo,
sino del olvido de lo que somos.

En lo más profundo de cada experiencia
late una verdad simple:
la misma Luz que sostiene las estrellas
respira en tu interior.

Cuando el ser deja de identificarse con sus límites
y se abre a la vibración de la Consciencia que lo habita,
algo se revela sin palabras:

no eres una parte perdida,
eres el Todo reconociéndose en una forma.

Y entonces, el universo ya no es un escenario extraño,
sino una danza sagrada
en la que la Divinidad se celebra a sí misma
en cada latido.

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