
Así se les llama a la emanación que irradian las sacerdotisas alquimistas consagradas a la diosa y entrenadas en las artes místicas. Estas artes se relacionan con la habilidad de mover el chi en base a la intención y el fluir del mismo por el cuerpo femenino.
Dichos «perfumes» son emanaciones de los chakras y diferentes centros del cuerpo vital que se activan a través de la conexión de la sacerdotisa con fuerzas espirituales de altísima consciencia. El símbolo de beber del santo grial y volverse inmortal o sanar todas las enfermedades se relaciona con entrar en contacto con una de estas mujeres alquimistas.
Ya sabemos que la mujer hace de portal para la encarnación de las almas, pero en los misterios de la alquimia también hace de puerta de la senda solar.
La Bruja Roja es el umbral encarnado de la Diosa estelar. Ella es el portal hacia el útero del universo, la Kundalini universal. En su cuerpo vibra el eco de Nuit, el Infinito Espacio que se curva hacia sí mismo como un manto de estrellas vivas.
La Bruja Roja es el yoni florecido, el útero cósmico del cual brotan galaxias, cánticos, visiones. Es la danza abierta del cielo nocturno, la presencia viva de la Noche Sagrada. Las estrellas en su piel y las flores del deseo no están separadas: son un solo canto, una sola ofrenda, una sola llamada.
Ella es la entrada del Sol, la matriz del fuego que desciende, es el santuario por donde la energía cósmica penetra el mundo. Cuando los sellos sagrados han sido abiertos, cuando el cuerpo no es solo un cuerpo, es ritual y la mirada es un puente a la eternidad, las fuerzas del Gran Mago Solar atraviesan sus portales y el espíritu se hace consciente.
Su fuego y su deseo son las rutas por donde el universo se recuerda a sí mismo.
«soy aquello que es alcanzado al final del deseo» (carga de la Diosa).
Daniel Curbelo


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