Tiene que ver con lo que llamamos despertar de la consciencia, el sol es símbolo de la luz, de ver, de estar despierto, del amanecer. El ser humano es un cúmulo de incoherencias, un conjunto de entidades que se autoperciben únicas y que en algunas escuelas fueron llamados «yoes».

Pero antes de ser un Sol hay que crear una Luna, lo que se llama «centro de gravedad permanente», es decir una unidad interior. Si vivimos en la incoherencia total es muy difícil encarar cualquier trabajo interno, por eso lo primero es crear el centro. Se dice «crear» porque es algo que surge de una intención que viene de la comprensión del darse cuenta de que la vida mecánica nos conduce a una desconexión de nuestro real ser lo cual nos lleva a un vacío existencial.

El centro de actividades del ser humano está en su falso personaje creado por el entorno, la cultura, las influencias y los relatos que recibió y que elaboró en base a su mente. El centro permanente de consciencia es generado en base a la comprensión de quién es realmente, es empezar a vivir la vida como un desafío y no como víctima de su inconsciente y del mundo exterior. Es aquello de «estar en el mundo pero no ser de él», tremenda enseñanza.

Esto es un trabajo energético que requiere dejar de perder energía en las demandas de una atención hacia fuera para llevar la atención hacia dentro y hacia arriba. Se le llama también centro permanente de consciencia porque es cuando hemos reorientado nuestro rostro a la eternidad, entonces tenemos una dirección única de manera que toda nuestra vida gira en torno a eso y no a los caprichos e infantilismos de nuestro personaje social.

Cuando esta dirección se vuelve lo más importante en nuestra vida entonces tenemos un centro de gravedad permanente.

Daniel Curbelo

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