En la vía del Eros no todo es gozar y gozar. Primero hay que ver cómo está funcionando el Eros en nuestro cuerpo, de qué manera fluye en nuestra vida y cómo nos enlaza con lo espiritual. En la magia existe una relación erótica con la naturaleza y con la divinidad.

En el vínculo humano, el Eros implica necesariamente el encuentro con la alteridad irreductible del otro. Y ahí aparece nuestro profundo miedo: el miedo a ser realmente afectados por otro ser humano.

En Alquimia hablamos de una penetración recíproca de energías. Energías que atraviesan la totalidad de nuestros cuerpos: etérico, emocional, mental, espiritual, celestial… No es un intercambio superficial; es una interpenetración de campos.

Por eso la sexualidad alquímica no es un conjunto de técnicas. Tiene más que ver con una apertura del alma, con niveles de sensibilidad que no son habituales. Implica rendición. Implica dejar de controlar. Y no se reduce a la sexualidad genitalizada que predomina en nuestra cultura. El erotismo abarca la vida individual y la vida en pareja; es una cualidad del ser.

Esto no se aprende en talleres. Y va mucho más allá de métodos de transmutación, porque allí fácilmente caemos en lo superfluo. Se trata de un proceso de vida, de un camino profundo de autoconocimiento.

El Eros también revela nuestras heridas. Allí donde hay defensa, hay energía creativa retenida. Cuando el miedo es visto y vivenciado, esa energía se libera y se vuelve potencia creadora. Por eso el Eros no sólo une: transforma.

En definitiva, el encuentro con el Eros es el encuentro con el origen mismo de la vida, con la fuerza primigenia que engendra todas las cosas. Por eso es también un encuentro con la divinidad.

Daniel Curbelo

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