La energía sexual es uno de los misterios más profundos de la vida humana.
Existe una íntima relación entre la potencia de la energía sexual de una persona y su vivencia de la espiritualidad. De hecho, las personas profundamente espirituales no tienen menos energía sexual… tienen más.

La diferencia es que han aprendido a comprenderla y a transformarla.

La energía sexual es la energía madre en nosotros. Desde un punto de vista físico, porque todos venimos de un acto sexual. Y desde un punto de vista espiritual, porque allí está contenida la fuerza creadora de la vida.

Las antiguas tradiciones hablaron de esta fuerza de muchas maneras: como la serpiente de fuego de la Kundalini, como el fuego espiritual que reposa en Muladhara, o como un fuego sagrado que desciende del cielo y despierta a las personas a una nueva vida.

Pero todas apuntan al mismo secreto: En la sexualidad hay una fuerza que puede despertar nuestra alma y ayudarnos a manifestar nuestro espíritu.

Cuando aprendemos a trabajarla conscientemente, comienza un proceso de alquimia interior.

Las emociones densas se refinan, el corazón se abre y aparece una nueva sensibilidad espiritual.

La antigua imagen de la serpiente que se eleva por la vara simboliza este proceso: el fuego de la vida ascendiendo por la columna vertebral cuando la conciencia comienza a expandirse.

Pero hay algo aún más profundo.
En la energía sexual vive el proyecto vital de la persona.
En ella está la imagen del ser que estamos llamados a llegar a ser, el designio interior que busca manifestarse en nuestra vida.

Por eso, cuando una persona aprende a conocer y a refinar su eros, comienza también a acercarse a su misión, a su Real Ser interno y a su verdadero camino espiritual.

Por lo tanto:
1. Es una puerta para despertar.
2. Es una información de quien eres en realidad.
3. Siempre estás moviendo energía sexual, aprende a transformarla en consciencia y florecimiento espiritual. Para poder hacer esto necesitamos enamorarnos, vivir la pasión, vivir una vida intensa y única.

Daniel Curbelo

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