Dhawq es una palabra en el sufismo que significa sabor:
No idea, no creencia, no concepto. Sabor.

No se aprende leyendo.
No se hereda por tradición.
No se alcanza por deducción.

Se degusta, se paladea.

El dhawq es conocimiento intuitivo que ocurre cuando la mente se rinde y la Presencia íntima es vivenciada. Es la gnosis que no pasa por el pensamiento, sino por el sentir directo. No es saber sobre D´s: es vivir en D´s, sin intermediarios.
Por eso los sufíes decían que hay un conocimiento transmitido y otro vivido. El primero ordena la vida. El segundo la incendia. ¿Puedes tú quemarte en el fuego de tu Íntima Presencia?

El primero habla de la verdad. El segundo es la verdad ocurriendo.

Llamémosle “estado de vivencia” a esa intimidad con la consciencia. El sufi se enamora de eso. No de una nueva explicación del mundo, sino de una nueva percepción.
La clave está en escuchar, sumergirse en el espacio y a eso se le llama “sentir”, no se trata de sentimientos. Entonces es posible situarse en la Presencia viva y ahí está el fluir.
Aprender a degustar la vibración vivificante tal como se da, serenamente,
en lo agradable y en lo desagradable.

Eso es dhawq. Eso es Íntima presencia. Verlo es arder.
No se trata de mejorar el personaje sino de despertar del personaje.
No buscamos fabricar luz, sino reconocer que ya somos la eternidad ocurriendo.

No proponemos huir del mundo, sino habitarlo desde el Amado.
Vivimos en el Amado.
Respiramos en el Amado.
Pensamos, erramos, amamos y caemos en el Amado.

Y cuando esto no es una idea, sino un sabor…
cuando el silencio se vuelve audible
y el instante se vuelve total…

entonces no queda nadie separado que comprender.

Solo el Amor reconociéndose a Sí mismo en esta forma que ahora mismo lee estas palabras.

Daniel Curbelo

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