La Bruja vive en lo más profundo del inconsciente colectivo. Desde las diosas antiguas hasta las historias modernas, su figura ha cambiado de rostro, pero nunca de esencia.

Ella representa el poder de la mujer que conoce los misterios, que escucha la voz de la Tierra y guarda los secretos del alma. Ella es guía e iniciadora a través de su cuerpo y su presencia.

En su forma luminosa, la bruja es sabia, sanadora y protectora del orden natural.
En su aspecto oscuro, es la Madre Terrible. También es la hechicera que domina las fuerzas del cambio, la que conoce el poder de la muerte y la transformación.

Ambos rostros son sagrados: el de la Madre Buena y el de la Madre Terrible.

Durante siglos, la sociedad temió su poder. El miedo a la libertad, a la sabiduría femenina y a la independencia del espíritu se proyectó sobre ella.

Así nació la persecución, la condena, el miedo. Pero la energía que fue reprimida no desapareció: siguió viva en los sueños, los mitos y las mujeres que no se resignaron.

Marie-Louise von Franz, discípula de Jung, decía que cuando una mujer desciende al fondo de su alma, puede encontrarse con una figura interior: una sacerdotisa, una hechicera, una diosa o una Madre Tierra. Es la imagen de su Sí mismo, la sabiduría primordial que la habita.

La Bruja, entonces, no es una figura de oscuridad, sino de integración.
Es la mujer que deja de temer su poder interior, que abraza su instinto, su magia y su conexión con la totalidad.

Y en el hombre, este mismo arquetipo se refleja en el Mago o el Hechicero:
el que desciende al inframundo de su inconsciente, enfrenta sus sombras y despierta su poder creador.

Él también debe reconciliarse con la energía femenina dentro de sí —el Ánima— para recuperar su sensibilidad, su intuición y su capacidad de comunión con la vida.

Cuando el hombre despierta su mago interior, deja de dominar para comenzar a co-crear. Su fuerza se vuelve conciencia; su voluntad, servicio; su fuego, luz.

Hoy, el retorno del arquetipo de la bruja marca el despertar de lo sagrado femenino. El regreso de la mujer que recuerda. Y también, del hombre que honra ese misterio dentro y fuera de sí. Pero además en el hombre le puede dar una virilidad completamente desconocida para el común de la sociedad.

Muchas personas toman la magia de una manera muy superflua: hechizos, amarres, plantas mágicas, etc. Olvidamos que la magia es una forma de estar en el mundo, es una vivencia de la consciencia integrada a la vida desde una percepción uni-total de la misma.

Cuando entras al misterio del bosque en realidad entras al misterio del Sí mismo. Allí conectas con algo atávico y sales de la idea mental de «lo conocido» para habitar en lo infinito.

Reconocer a la bruja interior es reconciliarse con la totalidad de la vida:
con el nacimiento, la muerte, la pasión y la sabiduría que los une.

Daniel Curbelo

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