
En la tradición gnóstica antigua se hablaba de los arcontes, siete poderes que limitan el alma e impiden que ascienda hacia la Luz. Se los identificaba con los siete planetas visibles y con las fuerzas que gobiernan la rueda de la existencia.
Pero aquí hay un secreto: lo que los antiguos llamaban arcontes no es otra cosa que la forma simbólica de los condicionamientos internos. Son arquetipos, tendencias que nos atrapan en emociones, reacciones mecánicas y patrones heredados.
La New Age ha promovido la existencia de estos arcontes como si fueran entidades que nos están agobiando permanentemente. No estoy diciendo que no haya entidades, pero tampoco se puede tomar una mitología como algo real.
Tu carta natal no es una condena: es el mapa de ese condicionamiento, el reflejo de los arcontes en tu interior. Si los arcontes son los planetas entonces la disposición de los mismos en la carta es cómo está distribuido ese condicionamiento.
Eliphas Levi dice:
«El hombre verdaderamente libre es el que domina su horóscopo, y los sabios, dueños de su voluntad, regulan sus influencias y obran contrariamente a las predicciones de los astros, porque son dueños de sus astros.»
El que vive dormido está gobernado por los planetas, el que despierta se convierte en mago, dueño de sí mismo y de su destino.
En Pistis Sophía se dice que Jesús despojó a los arcontes de su poder. No porque los destruyera afuera, sino porque reveló el camino del medio para vencerlos dentro de nosotros mismos, conectándonos con el Cristo interior.
«Y todos los Ángeles y Arcángeles de los Aeones y sus Arcontes … me vieron brillar con gran intensidad…; y ellos fueron poseídos de gran agitación y un gran temor los invadió cuando vieron la gran luz que estaba en mí.
Y tomé de todos una tercera parte de sus poderes para que ellos no tuvieran participación en sus diabólicas actividades…
…el Destino y la esfera sobre los cuales tienen autoridad los he cambiado…»
Los planetas seguirán girando, pero el iniciado ya no es esclavo de su influencia mecánica: los integra, los sublima, los convierte en fuerzas aliadas de la conciencia.
Daniel Curbelo


No responses yet