
más allá de las técnicas
Mi vivencia de la alquimia sexual no nace ni del Tao del Amor ni del Tantra. Hay algo que vino conmigo desde el nacimiento: una sensibilidad que siempre he tenido respecto a la sexualidad. Cuando accedí a las técnicas del Tao del Amor, ya llevaba doce años viviendo ese tipo de sexualidad. Me ayudaron mucho en el manejo del chi, pero el aspecto más místico ya lo tenía integrado.
Con el tiempo comprendí que también llega un momento en que las técnicas deben soltarse, porque de alguna manera terminan condicionando la experiencia.
Incluso muchos conceptos sobre el tema hay que dejarlos atrás para poder vivir un encuentro verdaderamente íntimo con la persona con quien se comparte.
La alquimia en pareja es un fuego en el que ardemos juntos. Se la llama “sagrada” porque nos permite rendirnos al redescubrimiento del misterio en ese momento; aunque, en realidad, todo es sagrado, todos los momentos de la vida. También comprendí que sexualidad no es solo sexo o genitalidad, sino es algo que se da todo el tiempo, es un vínculo erótico con la vida.
Ese vínculo es un viaje espiritual que incluye la vivencia profunda del gozo íntimo, donde cuerpo y alma se integran.
La circulación de la energía es sentir el eros en el cuerpo como una fuerza mística.
La sexualidad se vuelve entonces una interiorización gozosa y una reabsorción en la conciencia del Amado a través del deseo, el eros y el placer. Allí el ser se reencuentra con lo divino a través del redescubrimiento en el otro.
Esa vivencia es una forma de vínculo con lo sagrado, una puerta hacia la eternidad cuando el deseo, el eros y el placer se viven con presencia y amor.
Por eso, hoy para mí el tema ya no se trata de prácticas ni de técnicas, sino de aprender a conectar desde la íntima presencia y sumergirme en la totalidad de la experiencia.
Es en ese fuego compartido donde se crea el “niño de oro”: una creación que luego se manifestará en toda la vida de quienes lo viven. Como dice el dicho, es “un experimento del sol”. Por eso también se le llama senda solar, porque ambos se vuelven soles de sus propias vidas y portadores del fuego sagrado.
Daniel Curbelo


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