Fluir con el Tao no depende de vivir en una montaña.
Depende de no vivir dividido.

La presencia no necesita discurso sagrado.
No necesita cosmología.
No necesita linaje.
Solo necesita que tú estés.

Por eso, cuando barres, barres; cuando caminas, caminas; cuando corres, corres.

El camino del amante es el que ama lo que es; ahí no hay evasión.

Creo que necesitamos soltar la idea de que lo espiritual tiene que parecer «espiritual».

Puedes estar en una oficina y actuar desde la coherencia.
Puedes dirigir una empresa y practicar Wu Wei.
Puedes criar hijos y conservar tu meditación.

Se habla mucho de temas espirituales, pero la espiritualidad profunda está en el silencio, en el espacio, en lo íntimo. Por eso puedes no tener religión y no saber nada de estos temas místicos y ser tremendamente espiritual, porque eres íntimo contigo mismo, con la vida, con la naturaleza, con la totalidad.

Por eso la presencia es un acorde sostenido,
es un silencio bien escuchado,
es un ritmo respirado,
es más mística que muchas palabras elevadas.

A veces puedes creer que, si no estás en la movida de las enseñanzas, estás abandonando tu camino.
En realidad, estás volviendo a la sencillez de lo real.

Y lo real no necesita nombre.

Lo último que me dijo mi maestra, antes de terminar nuestro ciclo, fue: “Abandona todas las espiritualidades”.

Quizás dentro de unos años alguien te pregunte por la enseñanza espiritual, y tú sonrías, porque habrás abandonado todas las teorías al haberte sumergido en la Inmensidad.

Daniel Curbelo

Categories:

No responses yet

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *