
Te voy a contar algo que me ha pasado desde hace mucho tiempo:
Durante años pensé que se trataba de una energía. Al principio la sentía ascender por el cuerpo: calor, goce, éxtasis, amor. Surgía desde la zona profunda del cuerpo, desde el perineo hacia arriba.
Más tarde descubrí que el mismo fuego podía surgir desde el corazón. Y después comprendí que también podía aparecer desde la cabeza o desde la consciencia misma.
Entonces dejé de verlo como algo separado de mí. Ya no parecía una energía que había que despertar, sino una Presencia que siempre había estado ahí.
Con el tiempo observé algo simple:
cuanto menos separado me siento de la vida, más amor aparece.
Cuanto menos aferrado estoy a mi personaje, más viva se vuelve esa Presencia.
A veces la siento como una fuerza amorosa, inteligente y envolvente. También como una profunda sensación de intimidad con la existencia.
El corazón parece ensancharse enormemente y, con ello, el éxtasis se profundiza.
La experiencia tiene un fuerte componente devocional y afectivo.
Otras veces la siento como la Divina Madre respirando a través del cuerpo, del corazón y de la consciencia.
Hoy mi práctica no consiste en producir estados especiales.
Consiste en abrirme.
En entregarme.
En permitir que aquello que siempre estuvo aquí pueda manifestarse.
A veces es como si mi persona se corriera suavemente a un costado para que esa fuerza pudiera estar más presente.
Porque el verdadero éxtasis no surge de alcanzar algo.
Surge cuando la separación comienza a desaparecer.
Lo sagrado ya está aquí, viviendo a través de nosotros.
Daniel Curbelo


No responses yet