La primera relación sagrada es con uno mismo.
Para eso es necesario estar presentes en el sentir del real ser,
y también habitar el cuerpo.

La vía espiritual no es para escapar de la realidad cotidiana,
sino para vivirla conscientemente.

Cuando dos presencias se encuentran
sin proyecto, sin propósito, sin técnica,
algo más hondo que el placer aparece.
Es el momento en que se puede caminar juntos,
entrar en el círculo de la eternidad.

De ahí nacen la responsabilidad, el aprecio
y el intercambio real entre las almas.
Y la sexualidad puede transformarse,
más allá de una simple descarga,
en una profunda comunión.

Si estás presente contigo,
profundamente conectado,
sintiendo tu centro,
entonces puedes encontrarte con otros desde la esencia.

Es allí donde ocurre el verdadero encuentro:
no solo con otra alma,
sino con la vida misma.
Es un encuentro existencial.

El corazón se abre en los vínculos reales,
los que tocan el centro del pecho,
los que se sienten verdaderos.
Lo demás queda en la periferia del cuerpo.

La profundidad se revela cuando la presencia se vuelve real.
No es un camino a recorrer, sino un encuentro que se da.

Daniel Curbelo

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