
Para hacer oro, ya hay que tener oro. Los antiguos alquimistas lo decían. No se parte de la carencia. Se parte de una materia prima que ya está en ti.
Ese oro es, para mí, el Elixir: tu energía esencial, la fuerza vital y creativa que sostiene tus procesos, alimenta tus proyectos y te permite dar forma a aquello que nace en ti. La alquimia no consiste en gastarla ni en reprimirla, sino en refinarla y transformarla, para que pueda expresarse de una manera más plena en tu vida.
La vida tiene una cualidad de abundancia: crece, transforma, circula, muere y vuelve a comenzar. La naturaleza no necesita forzar sus ciclos. Lo que muchas veces se bloquea es nuestro propio fluir.
Sin darnos cuenta, ponemos tensión, miedo, culpa o la idea de que disfrutar hay que ganárselo.
Por eso el dinero, en el fondo, no es solo dinero. También puede ser un símbolo de lo que te permites recibir, darte y disfrutar: no solo para sobrevivir, sino para vivir y expandirte.
Muchas veces el bloqueo no está en el esfuerzo, sino en el permiso. Aprender a recibir también es un arte.
Ahí entra el Wu wei: no forzar, sino dejar de obstruir. Cuando aquello que sobra se afloja, el flujo puede volver.
La prosperidad no es solamente atraer. Es también recibir, transformar, hacer circular y conservar.
La alquimia es refinar el Elixir, y el Elixir eres tú.
En este camino vamos a trabajar distintos centros y cualidades energéticas que, desde mi enfoque, se relacionan con nuestra capacidad de recibir y hacer circular los recursos de la vida.
Empezamos por el plexo solar, como primer trabajo sobre la transformación, el poder personal y la capacidad de recibir.
Este es el primer paso de un ciclo:
Activa tu prosperidad con la Alquimia.
¿Qué te permites darte a ti mismo?
Parte 2
Muchas veces buscamos la prosperidad como una idea: visualizamos billetes, monedas, riquezas futuras.
Pero la alquimia no ocurre en la fantasía mental. Ocurre en la materia.
Antes de pedir más abundancia, vale hacerse una pregunta:
¿Está mi estructura preparada para sostener lo que deseo recibir?
Desde el chi kung, la prosperidad empieza en el cuerpo. Empieza en los pies: en Yongquan (Riñón 1), en la planta del pie, donde sentimos el arraigo. En unas piernas firmes. En un bajo vientre vital, en el Tan tien inferior, que guarda y sostiene nuestra energía esencial.
En mis clases y sesiones veo personas que desean más ingresos pero viven sin descanso, sin orden y sin límites. Sienten que dan mucho y que nada se queda. Cuando el recipiente no está firme, lo que llega se escurre.
Es fácil caer en esto, a mi también me ha pasado. Buscamos lo elevado y perdemos contacto con lo que tenemos debajo de los pies. Ahí la espiritualidad se vuelve una fuga.
No estamos aquí para escapar de la materia, sino para habitarla conscientemente.
Sentir el cuerpo. Alimentarnos. Descansar. Reconocer nuestras necesidades. Dar valor a nuestro tiempo, a nuestra energía y a nuestro trabajo.
Enraizarse es construir una nueva relación con uno mismo: cuidado, respeto, límites y capacidad de sostener la propia vida.
Puedes dejar que lo que llevas dentro encuentre una forma concreta en el mundo.
Daniel Curbelo


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